ALTURA IDEAL DEL CALZADO PARA NO TENER MOLESTIAS

Indudablemente los tacones estilizan nuestra figura, nos dan altura, alargan las piernas e incluso permiten lucir alguna prenda que, de otro modo, no se usaría. Sin embargo, su abuso y mal uso puede causar diferentes lesiones, especialmente en los tobillos, las rodillas y hasta en la columna. ¿Los motivos? La anatomía del zapato está diseñada con fines estéticos que alteran la biomecánica normal del cuerpo y que en ese camino en ocasiones dejan de lado la salud para ganar en elegancia o presencia.

¿Sabías que cuando estamos en posición erecta, normal y en reposo el peso del cuerpo pasa de la pelvis a cada una de las extremidades y se reparte de manera uniforme entre ambas piernas para llegar al pie? Es decir que una persona de 60 kilos distribuye 30 kilos en cada uno de sus pies, más precisamente, 25 kilos en el talón y 5 kilos en el antepié. Y, cuando nos movemos, el peso del cuerpo pasa en su totalidad de uno a otro pie: 60 kilos en el pie derecho y, en el siguiente paso, 60 en el pie izquierdo.

El uso de tacones altera este funcionamiento y equilibrio. Especialistas en traumatología y ortopedia afirman que si el tacón eleva la altura de la persona en dos centímetros, la distribución del peso cambia y hace que los 60 kilos se distribuyan de la siguiente forma: 50% en el antepié y 50% en el talón. Ahora, si la altura del talón aumenta hasta quedar en una posición totalmente elevada, el peso del cuerpo se aglutina únicamente en la parte anterior del pie.

Esta mala distribución del peso corporal ocasiona una sobrecarga sobre un sector de la anatomía que no está preparado para recibir esas fuerzas y provoca alteraciones funcionales y deformaciones progresivas como dolor en el antepié, callosidades en la planta y deformidades en los dedos.

Pero eso no es todo. Si a la elevación del tacón se le suma una modificación en la puntera del zapato, que lo vuelve más angosto y con el extremo puntiagudo, se provoca una deformación de los dedos en sentido lateral y vertical, que muchas veces desembocan en la aparición de los dolorosos juanetes y dedos martillo. ¿La conclusión?: Cuanto más alto y más agudo sea el zapato en su sector anterior, más perjudicial será para la deambulación y el normal funcionamiento del pie. Lo mismo ocurre con el uso de plataformas rígidas y altas que no sólo no permiten la libre movilidad del pie, sino que causan inestabilidad y lesiones traumáticas en el tobillo.

Entonces ¿qué tipo de calzado debemos usar? El que nos resulte cómodo y no implique un esfuerzo extra para la biomecánica del pie. Obviamente se pueden usar tacones altos pero los expertos recomiendan que se hag solamente en eventos especiales, fiestas o reuniones sociales y laborales. Es decir, que sean momentos de pocas horas de uso, ya que el uso prolongado de tacones, plataformas y stilettos puede modificar las bases que sostienen el cuerpo y esto repercute directamente en la columna, produciendo compensaciones y posturas inadecuadas para mantener una biomecánica equilibrada y armónica.

Pero ¿cuál es la medida ideal?. Lo ideal es que la altura sea entre 4 y 5 cm. También es importante tener en cuenta que, si hay que usar un tacón de mayor altura, lo ideal es llevar unos zapatos de descanso más bajos. ¡Pero ojo! Tampoco son recomendables los calzados extremadamente planos, ya que no tienen ninguna contención del arco interno del pie, que es el amortiguador del cuerpo, por lo tanto producen desequilibrios con su uso excesivo o en caminatas largas.

Lo ideal es usar calzados que den buena contención al pie, que sean acolchonados, de un material flexible, y con una ergonometría que se adapte a la anatomía del pie.

Artículo original de: Jimena Barrionuevo

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